LOS JÓVENES DEL FUTURO

El profesor en el aula frente a sus alumnos, empieza a consultarles sobre que carrera quieren seguir cuando terminen sus estudios secundarios y se dirige a uno de ellos en forma amigable y le dice:

TODOS SON MIS HIJOS

El Ing. Agrónomo Abundio Flores del Campo se pasea nerviosamente por la sala. Es que había viajado urgentemente de Ichuña donde tiene una fábrica chuño y la exporta para Francia. 

LA HERENCIA DE MAGIA ANDINA

En el Barrio “La Esperanza”, bucólico paraje moqueguano, tutelado por pétreas atalayas, SILVIA, pasaba sus días soportando el peso de la responsabilidad de cómo enfrentar el mañana sin más atributos que un entusiasmo indoblegable.

El ENCANTO DEL CERRO “EL SIGLO”

En las escarpadas faldas del cerro El Siglo, cuando aún el urbanismo no había tocado sus pies; en las noches, su bruma era espesa que semejaban las fauces de una fiera mitológica  queriendo devorar el horizonte.

LA NIÑA HUERFANA

A orillas del río, bañado por sus aguas cristalinas había un valle cual huerto prodigioso de dicha y de maldad. Se divisaba al pueblo y la riqueza de la tierra con su fruto dulce para el amargo sueño.

LA NOVIA DEL PARQUE

¿Cómo está mi vieja linda? ¡Qué alegría volver a casa! Si hasta juré no volver más al barrio. Pero he retornado para contemplar como cuando niño Tu sonrisa amable.

EL MILAGRO DEL PUQUIO

Cindo Peña bajaba presuroso, caminando sobre las piedras. A lo lejos se divisaba la casa del poeta. Poco a poco se internaba en la floresta. El verde carrizo y las campanillas en abrazo fraternal formaban un tupido techo al sendero.

EN POS DE LA VIDA ETERNA

Desde mi lejana juventud  tenía intenciones de conocer personalmente a PEPE CAÑA, era muy conocido en su barrio de LITARDO por su gran capacidad de improvisar DECIMAS. Vivía a  50 metros del mar y a unos pasos más allá se extendían los inmensos sembríos de  especies agrícolas.

TAN SÓLO CENIZAS QUEDAN

Por la luz del infinitoque a mi entraña la engrandeceen el sendero marchitotu recuerdo resplandece.

ETERNAMENTE JUNTOS

En el bucólico pueblo de  LA ESMERALDA, enclavado en plena sierra  sur de Moquegua, vivía Flor de Luna  y era una belleza natural,  que  ya empezaba a lucir sus quince años con todo su mágico esplendor.  

LA HUELLA ETERNA DEL ALMA

Era una mujer muy hermosa que no pasaba de treinta primaveras; de aquellas que con tan sólo  mirarla, se queda grabada en la retinas para siempre. Sus ojos tenían el reflejo del sol cuando aparece en lontananza con sus ansias de visión universal.