EL LENGUAJE DEL ALMA

Así como la no solución de los problemas que aquejan a los grupos humanos es una muestra de incapacidad funcional.

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El no decir la verdad de las cosas como son en su real identidad crea una falsa imagen de la realidad. Valerse de la mentira para pintar un castillo de ilusiones y fantasías y considerarse dueño de una estrella y tratar de  iluminar al mundo. Querer en base a un partidarismo que linda con el fanatismo, intentar hacer creer que  es casi una norma divinal y que todos deben seguir porque lleva al paraíso. De la misma forma, la constante demora en las tramitaciones documentarias; el falso dato sobre el destino del escrito, es el más  vivo reflejo de un mal servicio a la comunidad. Es como repetir la tan mentada frase: “Dice mi mamá que no está”. Toda persona que acude a una dependencia pública va  para que le den una salida  a sus inquietudes apremiantes. Por esta razón debe ser atendido de la mejor manera y a la brevedad posible en vista que ese es el fin primordial.  No concurre de visita, ni  de paseo o para conocer las instalaciones. Las instituciones, para que tengan un verdadero motivo de ser, deben distinguirse por la excelente calidad del servicio que prestan, el mismo que debe ser sin esperar recompensa de ninguna clase porque para eso gana un sueldo. De ello depende su permanencia en  la aceptación popular y su consolidación como factor de crecimiento y desarrollo sostenido de la comunidad. De lo contrario se desmerecen por sus propias actitudes que muestran por doquier ante el requerimiento de alguna persona que anhela ser atendido con premura y eficiencia. Esta reflexión nace en vista que ya se ha hecho común la desatención no de todos, pero si de una  parte considerable de servidores que tienen contacto con la ciudadanía diariamente. Ocurre en todas partes y hasta en las mejores familias. El tiempo que es para atender, es utilizado a vista y paciencia de todos,  en tomar un café para empezar la mañana, en conversaciones insulsas que nada tiene que ver con su función, refrigerios de última hora,  el agua mineral o la gaseosa preferida para aplacar la sed, en arreglo personal, en compras inapropiadas, en tertulias contraproducentes, conversaciones telefónicas con los amigos y familiares, en lecturas de revistas y diarios como para pasar el tiempo o se ocupan en estar navegando en Internet si hay cerca un ordenador. Son ocupaciones comunes de todos los días por la que se descuidan de su verdadera tarea de brindar una atención de primer orden. Más lo peor de todo es que no dan una salida convincente las múltiples necesidades que el usuario tiene. Como se dice comúnmente, se manda al desvío a la persona que hace una consulta. Se le dice cualquier cosa, menos una salida acorde con sus necesidades. Más si se analizamos el trato que dan, es para llorar, es todo un tormento estar frente a ciertos huérfanos de humanidad. Miran con una cara, como si se le debiera y no se le paga, como si trabajaran gratis, como si se le interrumpiera su sueño. Como si se le quitara una parte de su cuerpo. Ante esta inconducta en la que felizmente no son todos porque de lo contrario que sería de este mundo, es preciso que cada cual piense que debe atender como le gustaría que a ellos lo atendieran. En darle una luz en la oscuridad del que concurre a una oficina, reside el bienestar reciproco de los seres humanos, hay que aprender a sentir la satisfacción del deber cumplido y la alegría de haber sido útiles a los demás.  Ese debe ser el pensamiento de toda  una patria que anhela paz y sosiego porque no podemos ser enemigos por vivir bajo el resplandor de  una misma bandera y nos acoge temporalmente un hermoso terruño cuyo cielo azul debe servir de inspiración desde que raya la aurora.

 

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