ENTRE EL SUEÑO Y LA REALIDAD

En los momentos actuales donde la crisis está a la orden del día, hay suficiente razón para dejar de lado la vida de simple consumista y convertirse en un baluarte del nuevo rumbo de la patria.
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La acción de asistir al trabajo mecánicamente hacer de todo menos una actividad productiva, cobrar a fin de mes, distribuir el dinero y aún seguir endeudado por vanidades personales; en realidad es totalmente asfixiante y si esa es la norma del común de las personas; entonces para que se quiere la vida. Sin temor a equivocarnos, ese no es el fin de la existencia. Todos tenemos virtudes, habilidades como para romper olímpicamente la rutina diaria y constituirnos con nuestros propios medios en conductores de masas gracias a las cualidades espirituales en la cual la sabiduría, plena de modernidad es la que da tal altura de ambrosía. Por esta razón, los que manejan las riendas de la patria deben darle el lugar que se merecen a los que intentan con acierto quebrar las barreras de la mediocridad y el desaliento y dar la hora como protagonista del futuro patrio con ingenio e invención. Convivir con la inercia o seguir al pie de la letra los protocolos elaborados muchas veces por ineptos, no es otra cosa que ser cómplices  de una falsa imagen de un desarrollo sostenido. No hay que pasarse toda la vida defendiendo lo indefendible por estar puesto la camiseta de la patronal. No todo lo que dice el jefe o empresario puede estar ceñido en la verdad. Y cuando termina la función y nos encontramos en las calles de siempre  cómo quedamos. La historia es el mejor juez de las ineptitudes de los que se amparan en la sombra del poder y hacen caso omiso a le verdad.
La transformación de las sociedades es el producto de las ansias mutuas de progreso comunitario en la cual la familia es el primer impulsor de las nuevas dimensiones de vida por ser la piedra angular de la patria.  Cuando se logre la unidad de criterios en la cual pobre y rico, sabio o no; enrumben hacia el éxito por el camino de la prosperidad sin tener en cuenta razas, credos, sin discriminación alguna; será distinto el cantar y esto ocurrirá cuando se les desenmascare públicamente a los felones, maestros en guardar apariencias y cínicos de vocación que se pasean con una sonrisa   hipócrita por las calles de la ciudad. En la búsqueda de un estado ideal no debe haber imposibles, por eso es  preciso que cada cual se baje de su falsa pedestal y ponga los pies sobre la tierra y sea consciente de su rol en el mundo que hoy los acoge. Nadie es dueño de la voluntad ajena, ni estamos obligados a realizar lo que otros hacen para satisfacer apetitos nada humanos. Cuando todo se encamine por la sagrada ruta de la libertad en pos del bienestar de los pueblos, es preciso recordar que todo tendrá éxito si se ha preparado al hombre  para que sea el nexo entre el sueño y la realidad. De lo contrario el hermoso sueño puede terminar en una horrible pesadilla.
 

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