LA CRISIS INTERNA DEL SER

Cada día se torna  más alarmante pues los delitos  ocurren  hasta en territorios que siempre se hacía gala de paz.

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Suceden de una manera inverosímil que parece parte de una macabra historia de ciencia ficción. Más al percatarse que es la pura realidad; en verdad; no se le encuentra razón de ser. Es que el ser humano ¿tanto puede denigrase en una corta existencia terrenal? Sucede en las más altas esferas sociales y en lugares donde la pobreza hiere con el dardo del abandono. Acaso no existe la ley que regula las actitudes del hombre. No sabe todo ser que la violencia a nada conlleva. Más a pesar de todo, se incide en lo mismo. Hay distintas maneras de delinquir en este mundo, que todos las conocemos. Hay algunos por ejemplo que tocan los dineros del pueblo, o se burlan de la buena fe de su propia sangre y se sienten felices causando la maldad en el prójimo. Hay otros más avezados que  se tiñen de rojo las manos, o tienen la conciencia oscura, dejan sin piso al que labra su ruta en base de esfuerzo y dedicación. La traición inaudita,  el ataque por la espalda, es lo que impera en la actualidad. Es tanta la avidez por lo negativo que una mentira en todo el ámbito nacional es poca cosa. Ante esta gran  realidad, deja en claro; que la sociedad se está deshumanizando cada vez más y los que envenenen la senda del hombre, no sólo son los que enferman el medio ambiente, sino la misma  ambición de seres que son igual que nosotros pero con la mente insana. En este caso, los contaminadores del alma somos nosotros mismos, con nuestras malas acciones y actitudes inconfesables, en aras de ser un potentado económico. De tal manera que desde la trinchera donde se encuentren; todo lo que está mal parado, se desvanece como por arte de magia para formar parte del peculio  propio. A parte de ello, hay otro agente que aniquila las aspiraciones humanas como por ejemplo aquellos  que desde un puesto aristocrático, público, o estatal, truncan las aspiraciones de los que tienen inusitado talento tan solo por envidia, al ver que su incapacidad los relega al último peldaño de las aspiraciones permisibles. Los que marginan directa e indirectamente al que lucha con honor por un sitial en la escalera del triunfo.  El que basado en su poder actúa con alevosía y favorece a una clase más que otra por intereses creados sin importarle el sufrimiento ajeno. Más a pesar de todo, con desbordante y descarada publicidad, intenta oscurecer la luz del día con un solo dedo en un acto de cruel inconciencia.  Es la peor aberración que puede existir sobre la faz de la tierra. El que quiere todo para él y nada o poco para el demás, cegado por la avaricia, que también es una horrible demostración de alteración de la conducta y la  personalidad. Frente a tantos deslices que hay en la humanidad, ni la política, o la religión,  son capaces de corregir estas inconductas de los grupos humanos. Es que todo se origina, de la falta de equidad,  desigualdad existente que va generando anticuerpos en el que menos tiene o siempre segregado y desencadena en  rebeldía que luego se transforma en actos reñidos  contra la moral. La ingratitud, la indiferencia, la prepotencia  la demagogia, el nepotismo, los círculos cerrados, las cofradías, la eternización en los puestos estatales en base a la falsedad, el endiosamiento del que nunca le ganó a nadie pero que funge de muy patriota, la imagen del que es utilizado sólo para levantar la mano y apoyar al poderoso y gana sueldo fabuloso, el aprovechamiento descarado de parte del que maneja las riendas del país, contra el  más débil, da cabida a una generación de inconformes, el fanatismo partidario que lo hace creer que su palabra es divina. Todas estas  condenables incongruencias, son los que han delegado un ámbito  de zozobra y desesperación al haber una terrible inseguridad ciudadana que solamente acabará cuando los  hombres del planeta sepan que han venido a este suelo a servir y no para vivir de otros en razón  a su buena fe.

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