LA DECISIÓN ACERTADA

Dar una opinión acertada, tomar una resolución,  deducir a través de la expresión, hay que tener un gran sentido común, producto del estudio actualizado, de la experiencia y la calidad humana.

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Con mayor razón, si lo se dice tiene que ver con el crecimiento y desarrollo de un pueblo. Hay que pensar, que hay todo un conglomerado de habitantes que están tras la palabra del que tiene el poder  supremo. Unos esperan con afán esperanzador su verbo y otros, previo ruego que se equivoque para sacar partido  de una desatinada información. Ante esta gran realidad es de prioridad que toda  idea que salga del que está a la cabeza de la situación, debe estar centrada en dentro de la verdad y enmarcado entre la realidad. En esta transmisión de pensamientos, no valen para nada, las disculpas de ultima hora,  “me equivoqué”, “me emocioné”, “me voy a rectificar” “ lo dije sin pensar” Porque se sobreentiende que quienes llevan las riendas de la ciudad, están muy seguros de lo que dicen porque tienen la suficiente capacidad como para determinar lo mejor para el pueblo. No se concibe de ninguna manera una orden apurada, desatinada, fuera de tono y que no  refleje el sentimiento de las  grandes mayorías. Muchas veces, esto no  ocurre por desconocimiento, sino simplemente que se quiere imponer contra viento y marea una medida  con la que se trata de mejorar las cosas, pero como siempre; el remedio resulta peor que la enfermedad.  Por eso hay que meditar bastante antes de obrar.  Lo que se ha venido haciendo por muchos, ya se ha hecho ley en las entrañas del hombre; por eso es que un cambio a última hora, lo toman como una agresión. En vista de ello, la problemática  debe ser bien analizado desde diversos ángulos y puntos de vista y buscar la solución más atinada posible. Más si se quiere enmendar la falta o buscar más efectividad, sobre el producto del error de siglos, la reacción es inmediata. Preferible es dar a conocer las medidas correctivas pero desde la raíz y empezar de nuevo, así pasen años para  tener una mejor cosecha; que pretender una mejor producción sobre terreno lleno de broza y mala hierba. No es una buena medida, ni tampoco aumenta credibilidad en la población, si los que están frente el timón de la patria, después de defender ardorosamente una posición, ante la presión de la clase afectada, empiezan a ceder terreno poco a poco, si en estos casos, no hay disculpas que valga. Lo único que deja ese retroceso en sus firmes posiciones, es que  todo lo que se dice,  está plegado de la más  preocupante improvisación, y valgan verdades, así no se avanza, porque se pierde credibilidad. Nadie exige perfección, pero al menos actuar con calidad humana y dialogando entre ambas partes pero con  la seriedad del caso, porque ejercer gobierno en un país en crisis, no es una broma, es un compromiso en la cual debe primar por encima de todas las cosas el entendimiento y la comprensión entre ambas partes. Muchas veces, en aras de buscar soluciones inmediatas, hasta hay que dejar de lado fundamentos partidarios, o actualizar preceptos doctrinarios para beneficio de la comunidad y en  bien de las clases oprimidas. El que tercamente, a la fuerza, o por encima de todos,  sigue por su carril sin recapacitar, sabiendo que el final no será halagador por no representar el sentir de toda una población, estamos frente a una persona que puede ser de todo, pero menos el gobernante que requiere una nación que va camino  a la excelsitud por méritos propios. Por esta razón, la ética,  el humanismo, la razón y la verdad; deben ser las fuerzas motivadoras por la cual se debe regir toda sociedad que edifica su porvenir con esfuerzo dedicación  y ansias de vivir eternamente.

 

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