Para forjar hondas huellas
donde no hay un dulce trino
luz le pido a las estrellas
que iluminen mi camino.

En base a meditación
frente a la verde natura
se torna mi esencia pura
entre apartado rincón.
Energizo mi expresión
muy ajeno a las querellas
y los sueños son armellas
que sujeta el sentimiento,
pues me junto con el viento
para forjar hondas huellas.
II
Motivo mi reflexión
dando vida a duros retos
y por vastos vericuetos
concientizo mi visión.
Recorre mi inspiración
el orbe sin desatino
con grata aureola del tino
me alejo del desencanto,
e irradio mi tierno canto
donde no hay un dulce trino.
III
Gozo de la claridad
de mis vastos horizontes
y donde acaban los montes
ingreso a su inmensidad.
En la grata majestad
de las mágicas doncellas
me confundo con las de ellas
pues no soy quien las evade,
más si la noche me invade
luz le pido a las estrellas.
IV
Me voy con la oscuridad
hacia el reino de penumbra
y su niebla me deslumbra
con su negra inmensidad.
Sin más luminosidad
a mis horas encamino
por el paisaje genuino
de rutilantes senderos,
pidiéndole a mil luceros
que iluminen mi camino.
V
Pasajero soy del mundo
y su belleza contemplo
mi espíritu se hace templo
donde nace el sol fecundo.
Convivo cada segundo
con tristezas y alegrías
más se me vienen los días
en radiante primavera,
derrochando mi alma entera
las más puras ambrosías.
VI
Irradiando la ternura
por eso ando con la brisa
y mi sentido revisa
junto a flores su hermosura.
De la grácil preciosura
se alimenta mi furor
agiganta mi candor
perfumados los jardines,
mi trova desde confines
es mensaje del amor.
