CUANDO EL SABER NO DA FRUTOS

Como producto de la modernidad, la gran escasez de trabajo, la ambición natural de la persona de aprender más de lo que sabe.

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Algunos profesionales, porque no son todo felizmente; a aparte de la carrera que tienen, tratan de obtener otras con afinidad a la que ya tienen como también muy distintas a lo que aparentemente es su vocación.  La razón que dan a conocer es para poder tener más recursos para poder solucionar los problemas que aquejan  a la sociedad. Por tal motivo hay un afán desmedido de ciertas personas que van tras este cometido y están en lucha encarnizada con el tiempo por lograr sus metas lo antes posible como si el mundo se fuera acabar. Hay otros que lo hacen para tener más oportunidades de trabajo o perennizarse en el que ostentan. En  vista que actualmente para ciertas autoridades, basta que tengan un título (sabe Dios como lo consiguió), para que pueda ocupar un puesto importante, sin interesar la experiencia ni calidad en sus funciones. El afán de este logro se ha vuelto desmedido ante un panorama proteccionista de parte de las instituciones existentes que los acogen con beneplácito como la solución a la problemática presente o que aquejan al ente. Para este umbral hay facilidades tanto en Universidades Nacionales y Particulares que ofertan  los Estudios a distancia, la Modalidad de adultos, Maestrías y Doctorados, que permiten a los futuros sabios conseguir su cometido. Más si los trabajos de Investigación con la cual se gradúan solamente sirven  de adornos para las bibliotecas, solamente se está creando falsos adalides del conocimiento porque el dinero, las amistades, la familiaridad,  todo lo puede. De esta forma se viene creando un gran capital humano para que active la productividad de la región y del país aunque también se dice del mundo. La actitud es excelente siempre y cuando se encamine hacia el desarrollo de valores a través del estudio de las humanidades y la investigación científica que es el fin de la Universidad.  Se sabe hasta la saciedad que el objetivo no sólo es producir más y mejor sino también para saber cómo vivir mejor. Si su fruto no se enmarca dentro de esta premisa, estamos siendo testigos de un fenómeno cognoscitivo que logrará poblar la ciudad de eminencias pero que no solucionan ni sus propios desaciertos. Si se consigue tales pergaminos y tan sólo se sigue las rutinas de siempre, continuando los protocolos obsoletos, se propende solo el bienestar personal. Si se cambia todo lo existente para un mejor funcionamiento y se aperturan nuevas vías de desarrollo de manera total y solidaria en aras de un mejor futuro; se está cumpliendo con la meta de la obtención de tan  altos grados universitarios. Sobre este punto es preciso indicar que la educación de punta da un  sitial en el mercado laboral, más no asegura visión hacia un  futuro mejor. En el resultado está en juego la vocación y el afán de servicio y eso no lo dan los diplomas obtenidos. El deseo de servir, nace con la persona, se agiganta en el hogar  y se consolida en la Universidad de la calle. Ante esta realidad, solo queda recomendar que la persona deba despojarse de egoísmos, ambiciones y espiritualizarse, enternecerse meditando en la realidad que vive pero desechando la avaricia y de toda negatividad. Recién ahí nacerá el buen profesional que la patria necesita. Más el que tiene que poner coto a esta no tan clara graduación de gurús del gran cambio, son  las Universidades que no debería dar el honor a quien no lo merece. Si no demuestra su capacidad investigativa, creatividad y proyección social, no será jamás el  gran adalid que la nación espera. Que ya no sea la investigación un resumen del contenido de obras  de eminentes intelectuales solamente para fundamentar un episodio ya ocurrido, sí no que sirva de idea para visualizar una nueva forma de solucionar la crisis actual y esa propuesta genere prosperidad y promisión colectiva. Se debe dejar de lado los trabajos repetidos, que no contribuyen a ningún avance total, porque nunca van a ser leídos y por ende no servirán para originar el bienestar general. De lo contario seguiremos como estamos, llenos de adalides del conocimiento pero no hay la salida aparente a la crisis que agobia al país  y no tiene cuando acabar.

 

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