LA NUEVA MENTALIDAD I

Quien no brinda apoyo teniendo la potestad para hacerlo, simplemente es un egoísta porque no le da la gana de hacerlo, en vista que sólo su puesto de trabajo  o por que es tan tacaño que piensa que si  hace un favor a quien de verdad lo necesita, la institución se va a ir a la bancarrota cuando es un pensamiento primitivo y fuera de lugar.
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Si está al alcance de uno, o de lo contrario no tiene tanta incidencia en el desarrollo del ente a quien representa, por qué negarle a quien de verdad está en problemas. Se olvida tal persona que si esta frente a un escritorio es para dar un servicio a la colectividad y no para negar o truncar las justas aspiraciones que los que intentan trascender en el tiempo y el espacio dando su aporte de calidad para la sociedad. Generalmente es la respuesta de  seres inconcientes, que si bien es cierto  son profesionales, han creído toda su vida que tener tal honor es para buscarse un trabajo estable, trabajar treinta años, no trascender en nada, llegar a la edad del retiro pero aún así, seguir en la brega quitando un puesto de trabajo a quien de verdad lo requiere y seguir con su rutina de mezquindad que no es otra cosa que el fiel reflejo de lo que simplemente son como individuos. La falta de humanidad y desprendimiento se le nota a más de una legua. El deseo  de convertirse en solución del problema a quien lo agobia un desliz, no tiene, ni lo tendrá tampoco porque nunca lo cultivó. Esta es una de las razones por la estamos como estamos. Se puede hablar de los distintos caminos hacia el desarrollo, de sistemas, de métodos, de estrategias, para el cambio. Pero con personas como el que he mencionado, no se llega ni a la esquina. Por eso es que desde mi particular punto de vista, siempre he sostenido que primero debe cambiar el hombre para que el mundo sea mejor y esa es la tarea de todos incluyendo pueblo y gobernantes. Qué se puede hacer con una sociedad que sólo piensa en ganar dinero, “disfrutar” o luciéndose en todo el sentido de la palabra, con el único afán de ser mejor que el otro en cuanto a ropa, comodidades, lujos y otras banalidades de la vida. Vivir no es pararse en una vidriera y mostrar nuestras bondades exteriores y creer que con eso ya se ganó la batalla. Es ofrendar las fuerzas ocultas de nuestro espíritu en bien de los demás. Eso es existir. Entonces, aquel que transita por el sendero de todos los días, sin innovarse, sin estudiar, sin crear; no es un baluarte del cambio para la patria, sino una pesada carga por sus ineptitudes que hace gala cada vez que  trata de pensar con la cabeza. Primero es la concientización espiritualización de la persona, por medio del cual sea humano solidario, empático y con visión universal. A la par viene la formación académica o el despertar de su innatismo con bondades que deparen rumbos de ventura para los grupos humanos. Una vez que ha ocurrido este proceso, recién tendremos al verdadero soldado de la patria,  un transformador de realidades en tiempo de paz, o el hombre capaz de dar la vida cuando alguien quiere humillar la heredad nacional. Para ello hay que empezar una cruzada cultural de motivación desde el hogar, las instituciones del estado, educativas, universidades en pos de la realización de la revolución mental de cada peruano. De no ser así, seguiremos toda la vida, aplaudiendo falsos líderes y criticándolos hasta el cansancio cuando no cumplen con sus objetivos trazados y esperar unas nuevas elecciones con la esperanza del cambio tan esperado pero todo sigue igual porque se esta viviendo sin pensar en el futuro. Cada cual vive a su manera y con tal que tenga lo más mínimo para existir, lo demás poco interesa, pero se truncan los tiempos mejores que tanto se necesita para que cada cual viva con dignidad y con el orgullo de haber nacido en el Perú.

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