POR EL SENDERO DEL ÉXITO

Cuando las personas toman la determinación de adquirir conocimientos con miras a mejorar su condición de vida, muchos confunden el saber académico con la conducta humana. Son en realidad tópicos diferentes.
 
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El primero es la cantidad de sabiduría que se adquiere para poder realizar  tal o cual tarea y la segunda  que también es parte fundamental en el desarrollo humano, pero que muchas veces se deja de lado;  no es otra cosa que la formación de acuerdo a los valores humanos. No basta ser un connotado profesional con una sabia inigualable, capaz de hacer realidad lo imposible. Es muy necesario que a esa sapiencia vaya unida totalmente la humildad y la humanidad. Se requiere entonces de técnicos muy capaces pero a la vez humanos por sus cuatro costados. Como se podrá apreciar en el panorama mundial, muchas veces esto realmente no ocurre como debería ser.  En la práctica, basta un título profesional para sacar pecho y creerse que viene de otro planeta cuando no se le ha ganado a nadie e inclusive está muy arraigada la costumbre de incursionar en otras áreas muy distintas a la que se ha estudiado suplantando al auténtico profesional que sí tiene los méritos suficientes como para ejercerla con calidad. En este mundo hay de todo y se ve cosas increíbles que es para jalarse los pelos. Es que  en verdad, hay muchos que tienen cero en conducta por protagonismos de carácter artístico, político o social y hasta económico, pero gozan de gloria. Se sobrepasa el límite de lo permisible, muchas veces con el consentimiento del mismo pueblo o de algunos adeptos que no faltan y que tapan de todo con el fin de recibir unas migajas del que tiene el poder provisional. La única esperanza de cambio está en que nuestras juventudes tomen conciencia de su rol  para con la sociedad y desde ya vayan formándose para ser útiles a  la patria y no para atropellar, suplantar, o vivir del Estado sin mínima producción. Consideramos que si en los hogares, en los colegios y centros superiores se les educa a las juventudes con la verdad, el futuro será diferente, pero para eso se necesita transformarlos a conciencia de tal manera que la justicia y la libertad sean las normas que rijan la vida humana y esto no es tarea de un sector solamente, sino de todo el pueblo incluyendo sus autoridades. La solución de los problemas nacionales no reside en una sola persona, sino de todos los que no aman al bolsillo, sino a su patria con el  corazón y es la razón por la cual deben vencer su incompetencia y volverse netamente creativos diseñando su propio porvenir en base al amor y la paz. La persona que determina ocupar un puesto público o convertirse en autoridad, tiene que pensarlo dos veces. Es que el talento no se compra en el mercado ni muchos menos la conducta y empatía. El buen trato a su entorno no cae del cielo, es el resultado de la educación del espíritu. Quien no esta acostumbrado a establecer ese cordón umbilical entre su persona y el pueblo, no le auguramos éxito porque nada se consigue de la casualidad. Si no hay en las entrañas esa dosis de servir voluntariamente porque nace del alma, por gusto se ha llegado al sitial de honor porque de ahí,  la caída será estruendosa. Por eso es  urgente motivar en el ser las emociones espirituales en toda su dimensión y ponerlas en práctica. Pues si bien es cierto las obras civiles dan comodidad al ser, el arte es el pan del espíritu.  No hay que olvidar que pocos son los que acaban su periodo vital y salen entre aplausos y todo porque  al estar en la cima pierden la humildad, la ecuanimidad, o les choca el poder, pero no debe ser así porque la vida no se acaba mañana y siempre nos veremos la cara, bien de triunfo o  derrota que es lo próximo para el que se cree rey cuando no tiene los atributos humanos en su alma.

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