Por su divina presencia
de una estirpe celestial
la razón de la existencia
es el fuego maternal.
Ante fuerza del eterno
sobre su eje el mundo avanza
y se engendra una esperanza
bajo el regazo materno.
Es un amparo fraterno
de continua convivencia
apoya toda vivencia
donde más se necesita,
se denota que es bendita
por su divina presencia.
II
Cuando la madre está viva
muchos hijos la desprecian
y razonan que la aprecian
si no está en definitiva.
Siempre es ella quien motiva
con su carisma especial
un bienestar general
en bien de los dependientes,
al ser faro de las mentes
de una estirpe celestial.
III
No falta aquel hijo injusto
que por estar solitario
se comporta solidario
más no deja el rostro adusto.
Al no ser por nada justo
vive triste una sentencia
a causa de su inconsciencia
que lo lleva hacia la nada,
si es aun no siendo amada
la razón de la existencia.
IV
Ni con el oro a raudales
el cariño se demuestra
la madre por ser maestra
no necesita postales.
Regalos sensacionales
un festín excepcional
por ser una obra genial
sólo ansía el regocijo,
pues consuelo de todo hijo
es el fuego maternal.
V
Es la que no desfallece
ni frente a dura desgracia
pues por dueña de su audacia
sí hay un problema se crece.
No hay nada que la envilece
al ser fuente de armonía
y al derrochar simpatía
el mañana la da curso,
más por su bello discurso
del humano es sinfonía.
