Guardan las olas marinas
en su cofre de ilusión
las entregas repentinas
de puro afecto y pasión.
Fue la tibia y blanca arena
entre un candente verano
el fiel testigo galano
de una dulce unión amena.
La playa, alegre, serena
sus resacas tan genuinas
en las horas matutinas
supieron de mi candor,
un grato encuentro de amor
guardan las olas marinas.
II
Al quererse de verdad
si en la sangre corre fuego
no se precisa de un ruego
para ver la realidad.
Lo sabe su inmensidad
aquel lecho de emoción
grabando la sensación
de un furor correspondido,
más se guardó tu gemido
en su cofre de ilusión.
III
Todo empezó con un beso
luego arrullos por doquier
y tu cuerpo de mujer
se estremeció de embeleso.
El mar a diario por eso
irradia garúas finas
como si fueran cortinas
en honor a mi locura,
evocando en su bravura
las entregas repentinas.
IV
Grácil placer inaudito
rememoran las gaviotas
y dedican tiernas notas
para ese lazo infinito.
Se quedó en su faz escrito
tan delirante visión
leal entraña, una expresión
pues comulgaban dos vidas,
aún hay brasas encendidas
de puro afecto y pasión.
V
Hoy que al ayer atesoro
en mi alma suena el oleaje
al recordar el paisaje
yo siento más que te adoro.
Por eso el pasado afloro
y en tu imagen me recreo
como una hoguera me veo
flameando en paraje extenso,
es que junto al goce intenso
fuimos presa del deseo.
VI
Más seguiremos amándonos
a flor de piel de tu esencia
por ardiente tu presencia
continuar acariciándonos.
En vaivén, pero abrazándonos
lejos de la sensatez
bajo mutua exquisitez
compartir diluvio interno,
sin callar grito fraterno
tras íntima placidez.
