LA RUTA HACIA LA EXCELENCIA

LA RUTA HACIA LA EXCELENCIA

Las instituciones sea el rubro que fuere, necesitan de un tiempo de vida útil para lograr una muy bien cimentada madurez que le permita cumplir a cabalidad sus funciones en bien de los múltiples usuarios que siempre anhelan lo mejor. En este sentido nadie nace de la noche a la mañana y empieza a correr con la calidad de un experimentado atleta o nadie siembra una semilla y al día siguiente cosecha un generoso fruto que satisface su fino apetito. Las realizaciones no funcionan a la velocidad de un rayo. Necesitan de un lapso de tiempo para ir dándole formas a sus objetivos de tal manera que sus actividades sean bien recibidas por todos los que de alguna u otra manera gozan de sus bondades.

Ocurre que en la sociedad siempre hay quienes quieren ver volar un ave al día siguiente de nacido y al no ser así, se van generando una serie de conjeturas que desdice de la efectividad de las instituciones. Ante estas criticas que no faltan en una sociedad que va camino a su desarrollo total, lo importante es valorar lo que se está haciendo hasta cierta parte del camino, pero desde el umbral de la imparcialidad y sin fanatismos adrede. Solo así se podrá dar a conocer los diversos correctivos que hay que aplicar y en qué momento, lo que permitirá llegar a la cima de las metas trazadas, con creces. No se puede ser un implacable juez de las acciones de los demás y querer que en el menor tiempo posible el pez nade en mares profundos. Todo tiene un proceso de fijación de bases sólidas y a la vez un límite en la cual ya debe estar apto para trascender en el tiempo y el espacio donde la vida es la mejor opción terrenal.

Se puede ser un eterno vigilante de las acciones del entorno y dar las pautas precisas para un mejor desenvolvimiento institucional, más no un diario acusador hasta de lo que no existe. Hacemos esta reflexión, tomando como punto de partida, según nuestro muy particular parecer, despojado de toda preferencia personal; el trayecto recorrido por la Universidad José Carlos Mariátegui. Ni para sus más implacables enemigos es un secreto, que en poco tiempo ha colmado las expectativas hasta en los que no creían en su desenvolvimiento. Ha crecido su infraestructura, el alumno tiene mayores comodidades para estudiar, han aumentado las facultades, hay diplomados, maestrías, carreras a distancia, segundas especialidades, cuenta con equipos de tecnología de punta, va ingresando poco a poco a la era virtual, etc. Más aun así, con o sin razón, no faltan los comentarios adversos en cuando a calidad educativa. Pero es que una lluvia pasajera no opaca el encanto de la primavera. Por eso se viene haciendo los esfuerzos necesarios para lograr el nivel competitivo que tanto se anhela y convertirse en una de las mejores universidades del Sur. En ese tránsito hacia la excelsitud, está abocado la Alta dirección y toda la familia mariateguina. Pero sin que sea una fácil disculpa, hay que darle tiempo al tiempo. No debe olvidarse que hay universidades con muchos años, hasta la que va camino a los 500 años, que a pesar de su antigüedad, siempre está sujeto a desavenencias pero que no desdice de su espacio ganado ni lo que significa en el ámbito de la educación superior universitaria. Ante esta gran verdad, hay que recordar, que no es un buen crítico quien solamente dice lo malo. El valor está en constituirse en promotor y partícipe del rumbo perfecto que se ansía, sin interés personal o vana figuración.

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